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Educadoras de párvulos de Paihuano aprenden cómo enseñar ciencia

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¿Niños y niñas son capaces de aprender ciencia en sus primeros años de vida? ¿Existe una edad óptima para fomentar el interés por la ciencia y la tecnología? ¿La curiosidad de los más pequeños es una etapa que, con el tiempo, se puede convertir en una habilidad? Las respuestas a estas y otras interrogantes fueron develadas por un grupo de educadoras y técnicas en educación de párvulos de toda la Región de Coquimbo que fueron parte de la versión 2021 del Programa de Indagación para Primeras Edades, PIPE.

La iniciativa fue desarrollada por el Proyecto Explora Coquimbo del Ministerio de Ciencia y ejecutado por la Universidad Católica del Norte, y en ella,  las participantes aprendieron contenidos científicos y estrategias metodológicas, y también, recibieron recursos educativos para enseñar a sus párvulos a descubrir el valor de la ciencia, al mismo tiempo que desarrollaron competencias para enfrentar los desafíos del siglo XXI.  

¿Cómo se puso en práctica esta iniciativa? A través de tres áreas de aprendizaje: ciencias sociales, ciencias naturales y tecnología; y asimismo, se contó con un módulo que abarcó el mundo de las Plantas, como también, se consideró uno enfocado en Animales. Fue así como, combinando creatividad, imaginación y entusiasmo, niños y niñas, junto a sus educadoras, sin importar si viven en la costa, el campo o la ciudad, viajaron a la Antártica y a bosques y selvas para explorar la biodiversidad que compone y enriquece a nuestro planeta.

Entusiasmo, imaginación y curiosidad

Para un momento de enseñanza-aprendizaje no basta sólo con una educadora entusiasmada, pues también resulta trascendental la participación de niños y niñas. En este sentido, Nathaly Campusano Marín, educadora del Jardín Infantil Le Petit Enfant de La Serena subrayó que sus estudiantes tuvieron muy buena disposición y “les encantó imaginar que viajaban y que su sala se transformaba en la Antártida, y aprendiendo a diferenciarla, porque muchos creían que era el Polo Norte donde vive el Viejito Pascuero. También les encantó transformarse ellos mismos en los pingüinos, ver los elementos flotar, abrirse, deshacerse, tocar los hielos, etc. Todas las experiencias las vivieron a concho, inclusive, los más calladitos, quienes se animaron mucho y participaron enormemente”, explicó.   

En tanto, Verónica Isla Pizarro, de la Escuela Cielo Claro de Paihuano destacó la ansiedad y ganas de sus estudiantes, quienes volvieron a la presencialidad luego de estar mucho tiempo en casa y deseaban vivir experiencias nuevas. “Mis niños vivieron esta experiencia con mucho entusiasmo, pues se pusieron chaqueta para ir a la Antártida aun cuando habían 30 grados de calor en nuestro pueblo, pero igualmente cerramos las cortinas, vieron el video con muchas ganas y nadie reclamó por el calor”, relató. 

Asimismo, en la Escuela Patricio Lynch de Andacollo, la educadora Claudia Cerda Vega, subrayó  la importancia de potenciar la curiosidad de los/as más pequeños/as, siendo urgente en estos tiempos que vivimos: “como humanidad estamos pasando por una crisis climática y uno de los factores que puede ayudarnos a atravesarla es no apagar la curiosidad natural de las primeras infancias. Los niños, niñas y niñes lo hacen con un infinito potencial exploratorio y de búsqueda constante, pues la curiosidad es una de sus formas de estar en el mundo”, agregó.

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