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Profesionales recorren localidades rurales rehabilitando a la comunidad

Son las 08:00 de la mañana y desde el Servicio de Salud Coquimbo una camioneta gris cargada de implementos e insumos médicos se prepara para salir hasta la comuna de Paihuano. A bordo, una kinesióloga, una terapeuta ocupacional y una fonoaudióloga dan inicio a una nueva jornada de trabajo. Se trata del equipo de Rehabilitación Rural, una iniciativa que busca justamente acercar los tratamientos de rehabilitación a personas que, debido a su situación de discapacidad y a su extrema ruralidad, se ven imposibilitadas de acercarse a los centros de salud para recibir este apoyo.

Más detalles en www.elpaihuanino.cl

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Son las 08:00 de la mañana y desde el Servicio de Salud Coquimbo una camioneta gris cargada de implementos e insumos médicos se prepara para salir hasta la comuna de Paihuano. A bordo, una kinesióloga, una terapeuta ocupacional y una fonoaudióloga dan inicio a una nueva jornada de trabajo. Se trata del equipo de Rehabilitación Rural, una iniciativa que busca justamente acercar los tratamientos de rehabilitación a personas que, debido a su situación de discapacidad y a su extrema ruralidad, se ven imposibilitadas de acercarse a los centros de salud para recibir este apoyo.

La primera parada es en la localidad de Pisco Elqui, lugar donde vive Cecilia, quien a sus 50 años, padece una Mielitis Transversal Cervical Aguda, enfermedad que de forma paulatina fue mermando el movimiento de sus extremidades superiores y una de sus piernas. “Me diagnosticaron el 23 de febrero de este año. Yo sentía bastante afectada mi movilidad, me sentía más pesada, había subido de peso, estaba como mal en general, pero como era tan paulatino en el tiempo, me fui acostumbrando y no era capaz de relacionar todo y decirle al reumatólogo”, recuerda.

En ese tiempo, Cecilia ya se trataba regularmente por una artritis reumatoide, asociada a deformaciones en las articulaciones de sus manos y rodillas, por lo que cuando en el mes de mayo fue derivada al programa producto de su nuevo diagnóstico, su condición era de dependencia severa. “Las niñas han sido un pilar fundamental para poder estar mejor, pero no solo desde su sabiduría profesional, también como personas me han contenido mucho, han sido muy importantes y eso lo quiero recalcar, porque su calidad humana sobrepasa su calidad profesional. Y también es súper importante el seguimiento, porque uno se siente segura de que van a venir y les voy a poder consultar dudas”, señala.

Hoy, Cecilia ha avanzado en su rehabilitación y en su ánimo, tanto así, que esta ingeniera civil mecánica de la Universidad de La Serena ha estado capacitándose para encontrar un nuevo trabajo, situación que tiene muy contento a todo equipo, por lo que realizan con ella diversos ejercicios físicos para trabajar su postura y el control de la musculatura. Además, de tomarle medidas para fabricar una nueva órtesis de mano que ayude a evitar deformidades en sus extremidades superiores, facilitando así actividades de  la vida diaria.

“El objetivo es que, independiente sus limitaciones, pueda tener la mayor autonomía posible, porque las personas que visitamos no siempre tienen un cuidador permanente entonces tienen que ser autovalentes en esos horarios donde no tienen a alguien que los apoye”, explica Angélica Ramírez, terapeuta ocupacional del programa.

Solo en recorridos domiciliarios, el equipo de Rehabilitación Rural del Servicio de Salud Coquimbo visita a 36 pacientes en el mes, atendiéndolos por más de una hora e incluso más de una vez al mes. Entre los beneficiarios se encuentran personas de todas las edades, desde los nueve meses de edad, quienes viven en localidades alejadas como Horcón, Cochiguaz, Alcohuaz e incluso Huanta.

“Cada usuario tiene su plan y la idea es que se vayan cumpliendo los objetivos de la intervención conforme a lo que necesitan, con eso determinamos el número de sesiones y realizamos un control de alta para una evaluación final. Sin embargo, en caso de ser necesario, pueden ir nuevamente a su CESFAM y pedir una derivación hacia nuestro equipo”, explica Vanessa Castro, kinesióloga del programa.

“No basta solo con rehabilitar el cuadro clínico, buscamos que puedan desenvolverse dentro de su comunidad”

Otra de las pacientes que ingresó al Programa de Rehabilitación Rural hace dos años es Javiera Olivares. Ella vive en la localidad de Rivadavia, en la comuna de Vicuña, y padece distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad que a sus 25 años la mantiene en situación de discapacidad severa sin poder salir de su cama.

“En esta visita hicimos una evaluación de su alimentación, ya que puede ingerir solo consistencias líquidas y semisólidas, y realizamos ejercicios de musculatura y estrategias compensatorias para apoyar su deglución. Siempre le entregamos las indicaciones al usuario y también a su cuidador principal, que en este caso es su mamá, y como Javiera además sentía molestias en su garganta, que puede ser debido a una secreción parada o alimento, hicimos vibración de la cuerda vocal para aliviarla y dejamos algunas indicaciones y ejercicios deglutorios, ya que sabemos que su enfermedad es neurodegenerativa”, explica la fonoaudióloga, Paula Pizarro.

Pero las visitas no solo se enmarcan en la salud física, sino que también incluyen un importante componente social, que en el caso de Javiera consistió en apoyarla en su emprendimiento de artesanías “@Ideas_Javiera”, ayudando a que aprendiera herramientas digitales para llegar a un público masivo con la venta de sus aritos, pulseras y llaveros trabajados en resina.

“Un enfoque de la rehabilitación es lograr la participación de las personas en la comunidad. Para nosotros no basta solo rehabilitar el síntoma o el cuadro clínico, sino que la persona se pueda desenvolver dentro de su comunidad, ya sea dentro de su familia, en lo laboral, en el colegio o en organizaciones sociales, que puedan cumplir algún rol. Eso es lo que más nos importa, que la inclusión permita que estas personas se desempeñen en la comunidad y puedan así  disminuir las brechas de acceso, sobre todo en la participación”, añade Vanessa Castro.

Actividades grupales con pacientes y familiares

Schirley Báez vive en el sector de Polla Alta, en El Molle, y a los 37 años fue diagnosticada con Enfermedad de Parkinson. Hace dos años que ingresó al Programa de Rehabilitación Rural y desde esa fecha que recibe estas visitas en su hogar. “Las chiquillas son alegres, siempre tienen buena disposición”, comenta agradecida, mientras las espera con unos ricos panqueques preparados por ella misma, minutos antes de la llegada del equipo.

Debido al Parkinson, el equipo explica que Shirley está con bastante sintomatología asociada a movimientos involuntarios en las extremidades superiores. Sin embargo, hace unas semanas organizaron una actividad cultural donde se reunieron más de 45 personas, entre pacientes y familiares, una entretenida instancia a la que también asistió Shirley, a pesar de sus primeras dudas. “Nunca había participado, estaba limitándome porque siempre tengo que andar acompañada, pero como andaba malita para caminar, me ofrecieron una silla de ruedas y pude ir a todos lados. Fuimos al museo, al Jardín Japonés y almorzar a Coquimbo en el sector de Guayacán, ¡nos sacamos hartas fotos!”, relata.

El Programa de Rehabilitación Rural del Servicio de Salud Coquimbo tiene una base comunitaria que se vincula con toda la red de Atención Primaria de Salud, en articulación con los hospitales, con el objetivo de brindar atención a todas las usuarias y usuarios que viven en ruralidad extrema. Es que el lema del programa es justamente ese, llegar donde nadie más puede, por lo que arriba de una camioneta 4×4, estas profesionales continuarán entregando más que una atención médica a los pacientes, brindarán compañía, escucha y ayuda social en todo el territorio, contribuyendo así a una verdadera inclusión de quienes viven en situación de discapacidad.

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